La magia de ser.

 Siempre quise unas sábanas blancas y pasar todo el domingo en casa, sin bañarme, con la cama destendida y las prisas guardadas en un cajón. También quise sábados de ir a comprar flores y mandarinas, caminar con unos lentes de sol y escuchar música bonita. Desde hace mucho tiempo colecciono fotos de mujeres que habitan sus espacios en paz: que toman un desayuno lento, que observan el vapor del agua que sale de la tetera, que se esconden entre las cobijas. Y de un tiempo para acá he decidido que tengo tiempo para hacer de esta vida mi propio tablero de Pinterest, sólo es una cuestión de decisiones.

 

¿Son fáciles?


 No lo creo, porque la valentía de elegirse a una misma es de lo más complicado que podemos hacer, porque siempre nos han enseñado a que hay alguien antes que nosotras, lo raro es que a veces ni siquiera sabemos quién. 


Tengo una serie de rituales que comencé a llevar a cabo cuando decidí querer(me). Utilizo mi prensa ollita cada mañana para prepararme un té como a mí me gusta, reviso mis plantas, voy despacito. Ya no tengo prisa de llegar a ningún lado y hace ya un buen rato que no meto materias tan temprano, el otro día incluso me encontré bailando «Tripping» de Robbie Williams y sintiéndome feliz. A veces, incluso, cargo a mi gato para bailar con él, justo como lo hacía mi abuela conmigo cuando era chiquita. 

Tengo que confesar que no me gusta mucho la idea de la hora de la comida sin mis amigos, me encanta esa hora para ponerme al corriente con las personas, reírme y chismear, y la verdad que hacerlo conmigo misma no resulta tan divertido, aunque hay días en los que sí.


Algo que me sobra es tiempo para conocerme, quizás cuando el mundo funcionaba como de costumbre había mucho ruido y demasiados pendientes. 

He aprendido que no tengo que ser injusta con mi versión del pasado, porque siento que en alguna etapa pensé que el tiempo era irrecuperable, y aunque no necesariamente se recupera, lo que tenemos a nuestro favor es la experiencia, el arte de saber qué hizo tu versión del pasado y cómo hacerlo distinto ahora. Y todo eso lo he hecho con ayuda de mi terapeuta y de todos estos momentos que convivo full time conmigo. Tarde o temprano tenemos que hacerlo, no hay escapatoria, tienes que entender que hay un montón de cosas que no te gustaban realmente o que ya no te gustan y otro montón que estás lista para comenzar a hacer. Encontrar el tiempo para ir a comprar esas sábanas blancas, para tener las flores que te gustan o para dejar de hacer algo que has hecho desde hace mucho tiempo solo porque «forma parte de ti». 
 

Soy más maleable que la Play-Doh, el problema es que a veces la dejo destapada. 


Creo que no nos enseñan a conocernos un poquito más de lo normal, porque es peligroso, y sí, la verdad es que sí es peligroso para la sociedad. Comienzas a decir que no, dejas de conformarte con poquito [sueldo, amor, helado], ocupas más espacio en la cama y te das cuenta de que en otro fin del mundo, tu kit de supervivencia está en ti, porque eres suficiente. Y, claro, ¿cómo no va a resultar peligroso conocernos mejor? Nos volvemos más conscientes de nuestro valor y buscamos lo que es afín a nosotras, una persona que pueda pasar el domingo entre las sábanas sin bañarse, un trabajo en el que podamos echar raíces desde lo que queremos ser, un sueldo que pague la vida que queremos y no a la que tenemos que ajustarnos, alguien que nos haga playlists y que sepa cuándo ser capitán y cuándo copiloto. 

Sé que constantemente caemos en el riesgo de romantizar nuestra vida cuando la estamos pasando bien, pero ustedes saben muy bien que cuando las cosas van mal, lo digo así, clarito: «hoy no, no puedo, no me sale». Sin embargo, en este momento me siento en ese tablero de Pinterest que me ha costado muchísimo armar, encontrar la luz que más me gusta y los desayunos lentos, así que quiero decir que sí podemos, no siempre, pero si somos fieles a esa partecita soñadora que habita en nosotras, nos esforzaremos por lograrlo y cada pequeño esfuerzo [como las sábanas blancas], será un enorme, enormísimo paso, que nos llevará al siguiente. No minimicemos nuestros esfuerzos por más pequeñitos que se vean, no sabemos cuál nos llevará a qué lugar. 

Y como hace unos meses lo decía, lo repito: está bien compartir que vamos bien, que sí podemos ser felices, volver a enamorarnos y tener lo que siempre quisimos. Habrá gente que se suba o que se baje del barco, pero lo mejor es que nosotras elijamos el mar en el que tengamos ganas de navegar.


-i.


Comentarios

Entradas populares