Piel

Él siempre tenía invierno en la piel
y en sus huesos; cenizas de viento.


Cada vez que lo abrazaba, sembraba sol en su risa
y de mi amor infinito, su aliento. 


Me llamaba verano mientras me desnudaba
y me lo escribía en el teléfono y en los labios.


Y yo, temblor de primavera, 
le juré calor eterno, 
como el que tiene una estación a medida en su pecho.



-i.


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