FACMED
"Mexicanos al grito de guerra
el acero aprestad y el bridón
y retiemble en sus centros la tierra
al sonoro rugir del cañón"
"Ciña ¡oh patria! tus sienes de oliva
de la paz del arcángel divino
que en el cielo tu eterno destino
por el dedo de Dios se escribió"
Para el 24 amanecimos con la terrible noticia de la muerte de 4 personas aquí en mi querida Puebla. Otras más. ¿Qué fue lo que me hizo un nudo en la garganta de todo esto? 3 de estas personas eras estudiantes de medicina, y claro, aunque no conocí a Xime, Xavi y José, pude sentir ese frío por mi espina. Ese frío que te dice lo cercano de la situación. Ellos fueron asesinados junto con Josué, su conductor de UBER.
Ni siquiera sabíamos que sentir. ¿impotencia?, ¿enojo?, ¿tristeza?, ¿vergüenza?, ¿lástima?. Yo creo que un poco de todas esas emociones canalizadas en un largo silencio.
Desde que entré a la facultad de Medicina, he escuchado historias sobre compañeros que no regresaron a sus casas, sobre como la tristeza y el estrés les quitó la vida. Historias de humillación por parte de docentes, personas llorando en el baño porque no se creen capaces de hacer algo, o personas culpándose por quedarse dormidos después de una larga jornada de estudio.
Siempre se decía que habría una protesta, en contra de la inseguridad de las calles por las que caminamos, el miedo que se vive incluso dentro de la escuela, o denuncias a profesores que se aprovechan de nosotros, y jamás sucedieron.
Ese lunes me fui a dormir temprano, porque como de costumbre, me levantaría a las 4:00 am a terminar mis pendientes.
"Más si osare un enemigo
profanar con su planta tu suelo
piensa ¡oh patria querida! que el cielo
un soldado en cada hijo te dio"
Martes 5:00 am
Había muchísimos mensajes diciendo que tomaríamos la universidad, ¿real? Había llamados a marchar porque el hartazgo era lo único que olías en el aire. Y tan temprano como pude, llegué a la facultad con la sorpresa de que ¡tomamos la facultad!
Tan solo 10 personas por entrada, las suficientes para evitar que todos entráramos. Y llegaban, y llegaban, y llegaban, y mi emoción se hizo tal que junto a otros 9 compañeros me planté en la entrada de Rectoría a decirle a los de seguridad que "perdón, no sabemos lo que hacemos pero no dejaré que entre"
Y así, cuando eramos los suficientes, como Dios nos dio entender formamos contingentes de 20 personas y todos alineados empezamos a caminar.
La sorpresa fue que, al pasar por las calles la gente nos aplaudía, nos mostraba su apoyo al dejarnos pasar, y nosotros les agradecíamos a ellos respetando los semáforos de las calles. A aquellos trabajadores de seguridad a los que les negamos acceso a su trabajo, los encontramos cuidándonos por la ciudad.
En verdad hicimos eso.
"¡Señor, señora, no sea indiferente
se matan estudiantes en la cara de la gente!"
"¡Salvamos vidas
protejan la nuestra!"
"¡¿Por qué? ¿por qué?
¿por qué nos asesinan
si somos el futuro de América Latina?!"
Y por todo el centro histórico avanzamos, con miedo, con incertidumbre, con lágrimas en los ojos, con temor, pero eso si: con determinación, creyendo en cada uno de los que teníamos al lado nuestro, con amor, en memoria de nuestros compañeros.
Ha pasado ya una semana desde aquel día en el que, por alguna extraña razón la facultad logró unirse. Una escuela entera: llena de alumnos que compiten entre departamentos para ver cuál tiene los mejores instructores, llena de personas corriendo y empujando a otros para llegar temprano a clase, llena de estudiantes que se enojan con otros porque hay gente estorbando en los pasillos. Llena de gente incómoda hablando en la biblioteca, llena de lágrimas en los baños, personas dormidas en las mesas, filas enormes para recibir la beca alimenticia.
Decidimos no quedarnos callados, abrazarnos como hermanos. Llevamos una semana durmiendo en el piso y soportando el calor de toda una tarde parados en las calles sin permitir el paso a nadie. Llevamos una semana cenando el café que entre todos nosotros nos compartimos, recibiendo víveres de la sociedad poblana, comiendo tortitas de jamón que los comisionados de cocina nos preparan. Han sido 7 días de compartir casa de campaña con compañeros que jamás habíamos visto, hacer guardias de dos horas para dejar que los otros descansen, una semana llena de porras, gritos, ánimos por los suelos que solo se levantan escuchando las bocinas de los autos sonar en manera de apoyo.
Creo que ninguno de nosotros teníamos ni la más mínima idea de lo que iba a pasar, no pensamos que esto llegara a nivel nacional, que la UNAM o el IPN marcharan en solidaridad con nosotros, que toda una ciudad se refiriera a nosotros como héroes, que entre nosotros hiciéramos una verdadera comunidad estudiantil, una que se procura, que se ayuda, que se enseña.
Aún no sabemos cuando esto se acabará, pero si sabemos que será muy difícil que nos tiren.
#niunabatamenos
#niunomenos
#BUAPSePara
#estudiantesunidos
-i.
(mucha fuerza, somos historia)




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