Luna nueva.
Han pasado muchas cosas desde que me tomé esto de escribir de forma seria. En el mundo, en sus vidas, en la mía. Ahora uso más Twitch que YouTube, tengo la primera dosis de una vacuna para un virus que sigue mutando, mis plantas están a punto de morir, tengo más tatuajes y ahora, veintidós años.
Sin embargo, hay cosas que no cambian. Mi gusto por ver las cosas de cerca, las tazas de té de naranja que se acumulan como los kilómetros de un auto, las fotos que he tomado y todavía no voy a revelar, las playlist en proceso y la sonrisa de alguien que se ha prometido ser fiel a sí misma. A veces me gustaría conservar pedacitos de quien fui por si un día se me olvida, pero la verdad es que casi siempre me acuerdo de antiguas versiones de mí, cuando recuerdo por qué soy quien soy.
Hoy leía un tuit de alguien que preguntaba qué le diríamos a esa versión de nosotras antes de que el mundo cambiara. Y yo creo que a mí sí me visita esa Luna, porque a veces me cuesta creer que tomé decisiones tan conclusivas, permitiéndome volver a sentir. Y me alegro, me alegro muchísimo, porque crecer con esta versión de mi es mucho más expansivo, me permito equivocarme mil veces, darme un día entero para llorar, escuchar la misma canción 4 horas seguidas.
A veces, el peso de toda esas decisiones se siente insoportable, sobre todo cuando tengo un mal día, pero después paso la página y me doy cuenta de que los malos días pasan más rápido de lo que nos imaginamos. Todo pasa.
No sé bien por donde comenzar a hacer una recapitulación de estos meses. Se sintieron como el suceso del hombre en la luna, pero al revés: un pequeño paso para la humanidad, un enorme paso en mi vida personal. No hice nada más que sobrevivir, a un nuevo corazón roto, a una enfermedad que se sintió casi como la muerte y a la aceptación de que personas que amo con locura ya no están aquí.
Tuve altibajos de salud durante todo junio, cada semana fue algo distinto, y me di cuenta de que soy cuerpo, y que si quiero que ese espacio esté bien, necesito que también sea parte de mis procesos. Mi doctora me dijo que lo que más necesitaba era eliminar un poco de estrés de mi vida, y no supe como manejar esa indicación, así que también me estresó no saber qué hacer con eso. Con forme el paso de los días, se iban acumulando sentimientos de preocupación ahora no solo con mi salud, sino con la de mi familia, y qué es la vida sino una serie de eventualidades relacionadas con el estrés:
Intentar estudiar durante el fin del mundo, trabajar, tener ideas y desarrollarlas, mantener un equilibrio entre tomas agua y vitaminas, que te dé sol, estar al tanto de tu familia, de tus amigos, respirar a través del cubrebocas, no dejar libros a medias, usar otro tipo de ropa que no sean sudaderas, ¿ya te dije que tu hermana se enfermó? hay que monitorearla a la distancia, intentar hacer ejercicio, disque tener un horario de sueño decente, ¡te dije que tu hermana se enfermó, ve a verla!, EXISTIR.
Por primera vez me estoy creando un camino. Yo tomo mis decisiones. Decido si las cosas que hago me funcionan o me estresa. Así que me puse a observar con detenimiento aquello que hago en mi día a día para hacer los ajustes necesarios. En qué cosas quiero pasar más tiempo concentrada, en cuáles necesito menos tiempo. Esto de crear una vida adulta a mi manera es complicadísimo, pero estoy dispuesta a hacerlo con tanta atención para que cada día se sienta más auténtica.
-i.


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