Lo que vemos.

Lo que vemos en el otro no lo define. 
El otro simplemente es. 
¿Cuánta soberbia se requiere para decir quién es el otro? ¿cómo es? ¿qué ama? ¿qué le duele? ¿qué fue lo que le pasó? 
¿Con qué facilidad se puede pasar por un tamiz reducido y oxidado las creencias que tenemos sobre el otro? 
Qué equivocados estamos cuando caemos en eso. 

Hay un mundo en cada persona que no vamos a recorrer jamás, ni ver en fotos, ni en un documental. La única manera de hacerlo es en nuestra mente. 

Hay caminos que quizá podemos compartir con el otro, pero no por eso somos dignos de creernos aventureros, si lo único que conocemos son un par de calles. Siempre es el otro el que nos habilita el paso, hasa donde quiere que entremos.
Debajo de cada pequeña luz, hay una hitoria, que no le cabe a nadie más que a esa persona, ni si quiera somos espectadores, no vemos más que lo que inventamos. 

Cada persona es un libro casi completo, sin final. Y cada uno anda por la vida leyendo entre líneas y creyéndose culto. 
Debajo de cada pequeño detalle hay un universo completo, un mundo cargado de historias que a su vez fueron compartidas con otras historias que son otros mundos, y nosotros... nosotros somos una partecita de todo eso. 

Cuán verdadera es la frase que dice "lo que vemos en el otro, en realidad está en nosotros". Y si nos cayera la ficha de cuán insignificantes somos como lectores de vidas ajenas y cuán importantes somos como exploradores de nosotros mismos, quizá aprenderíamos a disfrutar del silencio, del hermoso y cálido silencio. 
De no suponer, de no fantasear, no presionar, y escuchar finalmente esa canción que nos suena en el corazón para guiarnos por un camino que sea nuestro. 

Hablemos por nosotros. 
Hablemos de nootros (si es que tenemos el coraje.)
Seamos respetuosos, no somos más que un barquito que pasa por ahí, en medio de un océano. 

Mejor seamos faro de nuestro propio mundo.
Seamos nuestra historia, esa que si conocemos. 


-i.

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