Espejo.
Te advertí que el amor nunca nos daría libertad, solo ese dulce sopor cuando nos besábamos.
¿Sabes cuándo supe que lo nuestro no sería por siempre? El día que te vi con la mujer más hermosa del mundo, supe que te sobré.
Pero era necia.
Amamos las causas perdidas, y de eso se trata el heroísmo, de confundir la victoria con una derrota irremediable, y cuando el fin se aproxima es cuando amamos más.
Hasta los insensatos saben que los días luminosos preceden a las peores tormentas.
El problema fue confundir la pasión con vocación, y tú nunca tuviste vocación para querer.
-i.


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