Hombre.
Era un hombre que sabía más de canciones que de besos, simétrico, tanto que le dabas un beso en su mejilla derecha y quería otro en la mejilla izquierda. Y de su izquierda tenías que abrazarlo y para desenredar tu abrazo tenías que seguir los mismos pasos de su baile favorito:
< Una vuelta
Dos vueltas
A la derecha
(y por fin)
A la izquierda donde queda el corazón. >
Era un hombre de corazón lento y mirada rápida, tomaba el café que tenía el mismo color de sus ojeras.
Era un hombre de ojeras dulces tendidas como mantas de picnic, con una medida exacta de uno punto dos centímetros cuadrados debajo de sus ojos, y aunque el era infinito, en sus ojeras cabían sus infinitos sueños.
Era un hombre de sueños completos, donde no faltaba ese elemento imposible, binario, cámara de luz a cuenta gotas, cielos con nubes que llegaban al suelo, mariposas que llevaban una cámara para fotografiarlo todo, sueños rotos que nunca acababan de morir, nadie les decían que habían muerto y caminaban como animalitos salvajes, y en las noches de verano dormían bajo un árbol soñando con un hombre que sabía más de canciones que de besos, simétrico, tanto que le dabas un beso en su mejilla derecha y quería otro en la mejilla izquierda.
-i.


Comentarios
Publicar un comentario