Diluvio.

Lo único que me importaba es que estuve con el, sin pasado y sin futuro, el me abrazaba. 

Como si no quisiera abandonar esos brazos suaves y uñas mordidas.

Qué equivocadas estaban las leyes de la física, porque convirtieron ese lugar en el rincón más apartado del mundo aunque afuera había un diluvio (y qué gusto si hubiese durado 19 días y 500 noches).

¿Habrá notado que me quedé sin palabras? 
Yo miraba sus ojos: más bellos, más translucidos. 

En verdad lo quería, lo empecé a querer de a poco y ahora ni siquiera era suficiente, si tan solo hubiera besado esos labios, esa frente...

Pero todo puede acabarse de un momemto a otro, despertar, darse cuenta que las ganas de querer nunca terminan y se quedan ahí, invisibles, imborrables.

-i.

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