¿Que si lo quería?

¿Que si lo quería?
¡Ja!, claro que lo hacía.
Intenté evitarlo, pero no pude, y si les soy sincera, dudo que él haya tenido la mínima idea de lo mucho que llegué a quererlo.

Nunca se lo dije.

Quizá por miedo, miedo a lo que sentía, miedo a asustarlo cuando una parte de mi sabía que iba a quererlo para toda la vida. Tendría que haberselo dicho o demostrárselo, pero eso me hacía más débil ante el mundo y ante el.

Y no pude.

Y si, soy una tonta por permitirme perderlo y porque mi orgullo me impide ir a buscarlo.
Una tonta por no darme cuenta antes que la sonrisa de boba al verlo, significaba que ya empezaba a quererlo. Y ahora, como tonta que soy, son las cuatro de la mañana de un viernes cuelquiera, veintisiéte días sin el que ya me duelen. Y lo echo de menos.

¡Es que tendrían que verlo!, me volvía loca, me hacía perder la razón. Era como un soplo de aire fresco en mi vida, quién me mantenía con los pies en la tierra cuando no veía la salida. Él era el mejor lugar en el mundo en el cuál poder estar, mi amuleto y mi kryptonita. La parte buena de todo lo malo.

Era mío y ahora, ya no lo es.
Quizá solo lo sentía así.

Y parece mentira que incluso alguien como yo, que nunca llora, tenga ganas de llorar por un baboso como el.
Pero sí, hace días me siento tan vacía que no tengo ganas de hacer nada, y es que haga lo que haga, me acuerdo de el y eso todavía me mueve.

Desde entonces mis noches, desde que no está, parecen el mismísimo infierno porque no puedo dejar de pensarlo. Me despierto en las madrugadas, voy a la cocina y me preparo un café e incluso, el color de este, me recuerda a su melena. Cada centímetro de mi piel y de todo lo que me rodea, me recuerda a el.

Y recuerdo que siempre que estaba nerviosa por algo, se ponía delante mío acariciandome el pelo, diciendome que todo iba a estar bien.
No había nada más bonito que él, cuando entralazaba mi mano con la suya al caminar por la calle, así las vistas parecían más bonitas.

Echo de menos que me diga lo que piensa sin pelos en la lengua, que me haga drama por tonta y que me mande al diablo como tal.

Necesito escucharlo reír y ver sus hoyuelos, y es que tenía un orgasmo precioso entre hoyuelo y hoyuelo, y el lo sabía. Adoraba incluso esa manía suya de acomodarse el pelo y mirarse mil veces al espejo, cuando este, no podía decirle con la misma intensidad que yo, lo guapo que llegaba a estar.

Me gustaba refugiarme entre sus brazos y perderme en el latir de su pecho sabiendo que ya se me habían quitado las ganas de viajar y ver el mundo, porque teniendolo a el, podía encontrar entre los lunares de su espalda las coordenadas perfectas hacia nuestro destino.

El ya no esta, pero sus recuerdos cada día se hacen más fuertes y yo sigo echandolo de menos.
Una noche más, y mañana volveré a despertar y un recuerdo más aparecerá...
... de la nada
Y me impedirá dormir.

Seguiré sin el. 

Así que si me preguntan si lo quería, claro que lo hacía. 
Intenté evitarlo, pero no pude.


-i.

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