El amor pasa el invierno en su lugar.
El frío continua, así es.
La gente encoge su cuello y mira al suelo mientras anhela porque no hay cielo ahora.
Los gatos salen, pero sus esquinas soleadas son escarcha y se cobijan bajo sus secretos.
La noche abre su boca tan temprano que no nos da tiempo ni a despertarnos.
La lluvia aparece tan repentina y traicionera haciendo llorar a nuestros abrigos gastados.
Pero los besos son más intensos y permanecen como anclajes buscando fuego en tus labios.
Las madrugadas son de dos cuerpos simultáneos llegando a setenta y dos grados Celsius en su abrazo.
Las casas son más hogares y mecen cada sobremesa.
Y los regresos se hacen emocionantes y necesarios.
El afecto se convierte en edredón, en café reflexivo, en cuerpos que sugieren en vez de enseñar.
El frío continua, así es.
Pero el amor no iverna.
-i.


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