No se equivocaron.

No se equivocaron al poner el nombre anatómico justo al oído interno, aunque el corazón esté en el centro y tus labios allá lejos. 
No se equivocaron al ponerle laberinto justo donde guardo el equilibrio, justo donde lo pierdo.
Dicen los médicos: es vértigo.
Yo no sé lo que sea, pero como me gusta perderme en ese laberinto cuando susurras quedito: te quiero.

-i.

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