Garabatos.
Cabías entre dos líneas despeinadas, en una cama vacía.
No más de veintiocho palabras de café recién echo, y las noticias de las doce.
Pero tus ojos nunca tuvieron el color de mi tinta.
Ahora... ni los puntos suspensivos me llegan para levantarte la falda.
Aparecías detrás de un signo de interrogación, con los cachetes rosados, y una sonrísa de haber llorado océanos.
Y me pedías que te desvistiera el corazón y lo hiciera temblar.
Que convirtiera las mayúsculas en otoño, las vocales en bostezos debajo de unas sábanas.
Los paréntesis en tener a alguien con quien llorar los domingos.
Las consonantes en escuchar desde el baño la última escena de Annie Hall a las cuatro de la mañana.
Que pantara un punto y coma en mi vida, y te comiera hasta las pestañas.
Bailabas persiguiendo mi boligrafo y te reías, en una tumba inacabada de seis palabras y media para que te volasen las tíldes con tus carcajadas.
Eres mi garabato favorito.
Y no se si éramos poetistas o simplemente infelices, pero aquí me tienes; pensando que era un para siempre tiene once letras y que ahí no cabe ni tu cintura.
Quiero cerrar el cuaderno y aplastarte el corazón.
Pero tengo miedo de no saber cómo encontrarme sino es buscándote.
No más de veintiocho palabras de café recién echo, y las noticias de las doce.
Pero tus ojos nunca tuvieron el color de mi tinta.
Ahora... ni los puntos suspensivos me llegan para levantarte la falda.
Aparecías detrás de un signo de interrogación, con los cachetes rosados, y una sonrísa de haber llorado océanos.
Y me pedías que te desvistiera el corazón y lo hiciera temblar.
Que convirtiera las mayúsculas en otoño, las vocales en bostezos debajo de unas sábanas.
Los paréntesis en tener a alguien con quien llorar los domingos.
Las consonantes en escuchar desde el baño la última escena de Annie Hall a las cuatro de la mañana.
Que pantara un punto y coma en mi vida, y te comiera hasta las pestañas.
Bailabas persiguiendo mi boligrafo y te reías, en una tumba inacabada de seis palabras y media para que te volasen las tíldes con tus carcajadas.
Eres mi garabato favorito.
Y no se si éramos poetistas o simplemente infelices, pero aquí me tienes; pensando que era un para siempre tiene once letras y que ahí no cabe ni tu cintura.
Quiero cerrar el cuaderno y aplastarte el corazón.
Pero tengo miedo de no saber cómo encontrarme sino es buscándote.
-i.


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